(208 pág) Una novela de costumbrismo millenial tragigraciosa que se lee fácil pero no dice mucho. La idea de las cartas a sí misma a través del tiempo era muy interesante, pero al final pierde protagonismo y pasa a ser una trama secundaria. Va de moderna pero se le escapa de las manos, entretenida pero sin más.
La protagonista vive en una crisis existencial como la vivimos todas básicamente en la actualidad, aunque el lenguaje resulta repetitivo y pretencioso. Hay dr0gas, s3x0 casual, inseguridades, traumas familiares, etc. Tiene momentos divertidos, otros sin mucho sentido y coquetea con lo woke y pro nopor sin venir a cuento. El final es abrupto y cuenta demasiados datos que solo marean para intentar cerrar una trama que nunca existió, se puede leer pero sin más.
¨Mejor tener a los pijos tomando cañas que montando startups¨
¨Los colores y las luces perdieron protagonismo y al cabo, se lo cedieron al lenguaje y al entendimiento¨
¨Era un cadáver en una fiesta diminuta; una flor seca en un parador segoviano¨
¨Era una adulta y el mundo esperaba que se comportara como tal¨
¨Siempre nos autoconvencemos de que nuestra situación es la mejor, porque es muy duro admitir que vivimos cosas que no elegimos¨
¨Un domingo sin resaca era una celebración, un reino improbable y fértil, un lujo a conquistar¨
¨La vida eran decepciones, pero no aprendizajes¨
¨Demasiado poco transtornada estaba esta señora para todo lo que le había tocado vivir¨
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